Fiesta de Michael

Esta fiesta, celebrada cerca del equinoccio de otoño, coincide con la celebración del “kuya Raimi” en el callejón interandino, cuando empieza la época de lluvia. Después de la época de cosecha, se prepara la tierra y se siembra el maíz, y se realiza el ritual para obtener buenas cosechas pidiendo a los cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego que acojan la siembra, ya que estos elementos son los que dan la fertilidad. Antes, la comunidad y las semillas han sido purificadas para eliminar las malas energías.

En la escuela empezamos la época de siembra del saber y del conocimiento, celebrando la fiesta de Michael, a fines del mes de septiembre, con una representación de títeres, realizado en la cual Michael vence al dragón. Durante los últimos tres años esta obra ha sido presentada, a los más pequeños,  por los estudiantes que actualmente cursan el décimo año de EGB. Que reciban nuestra gratitud por el esfuerzo, la generosidad y el entusiasmo demostrados, así como el haber motivado a los estudiantes de noveno año para que se preparen y tomen la posta el próximo año.

El Arcángel Michael es un símbolo que representa nuestro esfuerzo por superar los miedos, los apegos y las creencias. En su mano derecha sostiene una espada que simboliza la verdad (ser honesto con uno mismo y con los demás). En su mano izquierda sostiene una balanza que representa el equilibrio entre la compasión y la firmeza, es decir, si el Arcángel se desequilibra y se vuelve demasiado compasivo, el mal se aprovechará de ello y lo engañará, o al contrario, si se vuelve rudo y se excede en la fuerza deja de ser firme para volverse violento, cayendo en la ira, logrando que el mal gane el combate.


Debemos erradicar del alma
todo miedo y temor que el futuro
pueda traer al hombre.

 Debemos adquirir serenidad
en todos los sentimientos y
emociones con respecto al futuro.

Debemos mirar con absoluta
ecuanimidad todo cuanto
pueda venir.

Y debemos pensar solamente
que todo cuanto venga,
nos será dado por una dirección
universal, llena de sabiduría.

Esto es parte de lo que tenemos
que aprender en esta era,
saber vivir con pura confianza,
sin ninguna inseguridad en la
existencia; confianza en la
ayuda siempre presente del
mundo espiritual.

En verdad nada tendrá valor
si el coraje nos falta.

Disciplinemos nuestra voluntad
y busquemos el despertar interior,
todas las mañanas y todas las
noches.”   – Rudolf Steiner

 

FUENTES BIBLIOGRAFICAS:

El Telegrafo 29/09/2015 www.telegrafo.com.ec/noticias/informacion-general/item/comunidades-indigenas-andinas-celebran-el-kuya-raymi.html

www.lucioperez.com/2011/09/micael-y-la-antroposofia/

 

 

Cuento para el tiempo de Michael

Había una vez un rey que gobernaba un país muy grande.  Vivía con su hija en un alto castillo desde el cual se divisaba hasta muy lejos. Delante del castillo había una plaza muy grande, done se celebraban las fiestas más hermosas, con música y bailes. A la hija del rey le encantaba mirar desde su balcón los coloridos festejos que se hacían cada año. Los campesinos llegaban desde todas partes con coronas de cereales, flores, manzanas, peras y otras frutas, con tomates y zanahorias y otras verduras. Todo eran regalos para alegrar al rey y su hija.

Los campesinos llevaban vestidos festivos y alegres cintas colgaban de sus sombreros. Cantaban y bailaban los bailes de la cosecha. Cada año, cuando se acercaba el tiempo de la fiesta, la princesa subía al balcón, llena de esperanza, para saber si podría oír ya las primeras canciones, ver los primeros colores. ¡Qué alegría!

Pero un año no vino nadie. La princesa espero y espero inútilmente. Por fin vio que unos campesinos se acercaban. Pero ¿Qué pasaba? No llevaban cintas de colores ni cantaban alegres canciones. Caminaban lentamente, con las manos vacías, con las caras tristes. ¿Qué había ocurrido? El rey mando a sus mensajeros y los campesinos le contaron lo siguiente:

- Este año no pudimos cosechar nada porque un dragón vino a nuestro pueblo. Es tan salvaje que se traga y aplasta todo lo que encuentra en su camino, y lo que no destruye de esa forma, lo quema con el fuego que sale de su boca. Así que este año no podemos celebrar la fiesta y si no tuviésemos reservas de otros años, pasaríamos hambre.

El rey, deseoso de ayudar, mando inmediatamente a sus caballeros a luchar contra el dragón. Pero cuando llegaron a su cueva, sus espadas de hierro y sus lanzas se torcían y se ablandaban por el calor del fuego y no podían luchar contra él. Después, el rey mando a sus mensajeros y le ofrecieron al dragón oro, tesoros y todo lo que quisiera, con tal de que dejara el país. El dragón no quería ni oro, ni tesoros, solo quería una hermosa doncella. Si se la daban, se marcharía. Todos se asustaron y nadie quería ofrecer a su hija al dragón. Entonces, la joven princesa se acercó a su padre:

- Déjame ir donde el dragón, yo no tengo miedo, quizás pueda salvar al país. Pero el rey contesto:                   - ¡Ni hablar, querida hija, no puedo entregarte al dragón!
- Quien sabe lo que te hará.

Nadie quiso dejar marchar a la princesa, pero ella insistía:
- Dejadme ir, Dios me protegerá, y si no voy, el dragón seguirá destruyéndolo todo y tendremos que morir de hambre.
El rey al fin respondió:
- Hija mía, anda con Dios.

La princesa se puso un vestido y un velo y subió a la montaña donde estaba la cueva del dragón. No miraba ni a la derecha ni a la izquierda, solo miraba al frente y al cielo, que estaban cubiertos de nubarrones negros, mientras soplaba un fuerte viento. Los caballeros acompañaron a la princesa hasta el pie de la montaña. Allí se detuvieron, porque sabían que con sus armas no la podrían ayudar.

El dragón de fuego salió de la cueva, y en el instante que la princesa miro hacia arriba, las nubes se abrieron y pudo ver el centro del cielo. Allí había más claridad que en el sol, y desde esa luz radiante apareció el arcángel Michael con su brazo derecho estirado, y desde cada estrella le llego a su mano un rayo de luz. Un meteorito le formo una espada de hierro celestial. El dragón no pudo aguantar y cuando Michael lo apunto con su espada celeste, cayó a la tierra y no se volvió a ver. Su poder se había terminado.

Las gentes se acercaron y llevaron a la princesa junto a su padre el rey. Después corrieron a sus casas a buscar frutas, verduras y las más hermosas flores:
- Ahora podemos celebrar una nueva fiesta y será la fiesta de San Miguel. Ya no tendremos miedo al dragón.

Así hablaron y se fueron cantando con sus regalos al castillo

(Del libro: Cuentos para Chiquitines)
Foto: Puente de Estrellas - Pedagogía Waldorf.