La formación de la voluntad en la educación

(Resumen del artículo de Kurt Brotbeck publicado en “Higiene Social”  Boletín No 27. Editorial Rudolf Steiner.  Madrid. España)

INTRODUCCION

La formación de la voluntad ha sido ignorada en gran medida por la pedagogía moderna. Esto se debe en primer lugar, a que el objetivo de la educación se ha centrado, desde la Ilustración del siglo XVIII, en el desarrollo de las facultades intelectuales. Por otra parte, la educación de la voluntad es una de las tareas más difíciles de la pedagogía, porque la voluntad se sustrae a todo concepto consciente. En tercer lugar, la educación de la voluntad presume ya la voluntad misma.

La educación de la voluntad comprende un aspecto físico, uno anímico y uno espiritual, los mismos que están relacionados con las tres fases evolutivas que determinan el proceso de formación del ser humano en crecimiento. En la edad pre escolar el desarrollo de la voluntad va unido predominantemente a las fuerzas de crecimiento y formadoras del cuerpo físico; en la edad escolar se desarrolla el aspecto anímico y durante la adolescencia el espiritual. A continuación describiremos todo esto de forma breve.

COMO EDUCAR LA VOLUNTAD EN EL PRIMER SEPTENIO (0 - 7 años)

La educación de la voluntad comienza pocos días después del nacimiento, a través de una rutina diaria rítmica y continuada que penetra profundamente en la región inconsciente de la voluntad. El día que discurre rítmicamente es el primer signo de una realidad superior que se eleva por encima de los procesos biológicos naturales. Estos naturalmente están justificados en los primeros meses de vida del niño, pero han de ser paulatinamente liberados por medio de la educación, es decir, por un criterio guiado por el adulto.

Un día ordenado regularmente da al niño tranquilidad interior, fuerza y seguridad ( p.e.: un horario regular de comidas y de acostarse).  Por el contrario, si es criado en un hogar lleno de improvisación llevará siempre en sí algo de inquietud, de nerviosismo, de inseguridad y descontento, de tensión e irritabilidad. Es decir: el ritmo fortalece la voluntad.

Igual importancia que el ritmo diario es una vida familiar buena y armónica. Durante los primeros siete años, el niño vive el convencimiento de que el “el mundo es bueno” (Steiner); y una vida familiar sana y feliz alimenta esta confianza. El afecto de los padres hacia el niño es decisivo. Por otro lado, las tensiones, los divorcios y las desavenencias familiares debilitan al niño. Si durante este primer período de su vida se encuentra sujeto a este tipo de experiencias, tendrá su voluntad paralizada y su fuerza de integración social truncada.

La palabra clave para la educación del preescolar es la imitación. El Dr.Heinz Herbert Schöffler subraya en su libro “El niño ante el cambio del siglo” : “Nuestra influencia en el niño pequeño es mucho menor por lo que decimos que por lo que hacemos y mucho mayor aún por lo que somos”.

Esto está relacionado con la importancia del ambiente y como éste determina la formación de las disposiciones y fuerzas del niño pequeño. Si en su medio ve y oye bondad, belleza y verdad y puede imitarlas jugando, desarrolla en sí las fuerzas correspondientes. Por lo tanto, en ninguna otra edad el modelo, el ejemplo de vida y comportamiento juegan un papel tan profundamente significativo y existencial que penetran hasta las fuerzas formadoras del cuerpo. El niño no solamente absorbe lo que los padres hacen externamente, sino que se identifica con lo las personas de su ambiente sienten, piensan y quieren. Todo cuanto tiene lugar en su ambiente son fuerzas directrices para la formación sana o enferma de su cuerpo.

Las narraciones como estímulo de la voluntad infantil.

Es un hecho conocido que en su evolución el hombre reproduce en cierta manera los pasos evolutivos por los que ha pasado la humanidad. El niño pequeño, por tanto, revive el tiempo más antiguo de la evolución humana, cuando el hombre aún estaba íntimamente unido al mundo espiritual-divino. A esto también apunta el hecho de que la historia de todos los pueblos desemboca en un período religioso-mitológico. Esta consciencia religiosa-mitológica también le pertenece al niño pequeño; y se expresa, por ejemplo, en cómo se relaciona con sus juguetes como si fueran seres animados. El mismo pedazo de madera puede ser un árbol, una casa, una persona y, además, ser bueno o malo.

Esta consciencia necesita del alimento adecuado, y éste lo encontramos en los cuentos. Los cuentos son “sueños verdad de los pueblos” que provienen de un tiempo en el que la vida volitiva del hombre estaba aún influenciada poderosamente por el mundo espiritual, a través de los guías de la humanidad. Los cuentos dejan una verdadera huella en la vida del niño y ponen las bases para una actitud valerosa y confiada frente a la vida. En este sentido, tienen un elemento terapéutico, ya que junto a situaciones amenazantes siempre se halla la salvación (p.e.: el cazador en “Caperucita”; el príncipe en “Blanca nieves”), a pesar de todos los problemas siempre hay un final feliz; el bien siempre triunfa sobre el mal, por ello es mejor aliarse con el bien. Esto da seguridad y confianza al niño para integrarse a este mundo terreno.

¡Dad buenos juguetes a los niños!

El juego es la forma más adecuada a esta edad para relacionarse con la vida. Para jugar el niño necesita juguetes. Realmente puede jugar con cuanto hay en la casa y en la Naturaleza, pero si los padres quieren comprar algo, han de cuidar que esté hecho de materiales naturales: madera, lana, algodón; evitando los materiales y fibras artificiales. También se ha de evitar un naturalismo excesivo en los muñecos. Es importante que el juguete deje espacio para que las fuerzas de la fantasía se puedan desarrollar. Las piezas de construcción de madera son considerablemente más aconsejables que los “legos”, pues con los primeros puede comprobar una y otra vez las fuerzas de gravedad y equilibrio de la Tierra y dejan además más espacio libre para la actividad creativa.  El juego sano que le hace olvidarse de sí mismo es extraordinariamente importante, pues es la base de una voluntad flexible y de una fantasía bien desarrollada.

La responsabilidad de los padres es en la actualidad mayor que en el pasado ya que entonces no existía esta producción masiva de objetos exageradamente elaborados, sobre estimulantes y dañinos que matan la fantasía y paralizan la voluntad. Sería más sano que los padres mismos construyeran juguetes sólidos y adecuados.   Es importante que el cuarto del niño no sea un almacén de juguetes. Es sano que el niño tenga solamente un juguete a la mano y el resto quede guardado en el armario, ya que de esta manera las fuerzas de la voluntad pueden concentrarse en una sola cosa. Solamente cuando ya ha jugado bastante con uno se guarda éste y se saca otro.

Hoy día la televisión juega un papel importante. La consideramos un medio muy cuestionable en la educación, no solo porque fuerza al niño a una pasividad total, sino también porque transmite una realidad aparente que reduce extraordinariamente la imagen de la realidad del mundo. Los objetos, animales y personas que se presentan al niño en la TV son en realidad únicamente puntos luminosos que se suceden en veloz vibración. Imaginemos un niño que se haya acostumbrado a tomar por personas reales esta suma de puntos luminosos. ¿Puede sorprendernos que niños que han sido sometidos a semejantes impresiones falsas no tengan más adelante consideración alguna por quienes les rodean?  Ojalá llegue el día en que la TV se mantenga tan alejada de los niños como un biberón venenoso. El niño ha de poder relacionarse primero totalmente con la Naturaleza no falseada antes de poder, más adelante, relacionarse con esos medios sin sufrir daño.

Juegos al corro y canciones.

Constituyen una contribución eficaz para dirigir la voluntad. Todos los niños entre los 3 y 9 años los hacen con alegría y entusiasmo. El niño pequeño vive totalmente en el movimiento y su sistema motor constituye el punto de apoyo de la voluntad. El niño sano siente un impulso desenfrenado de experimentar su entorno activamente y asirlo con sus manos.
Al jugar al corro el niño se siente recogido. El círculo en el que se encuentra integrado, le presta un apoyo interno y externo. Mientras cantan, recitan un verso o cuentan un cuento, los niños se mueven en círculo imitando con las manos y los pies el sentido de las palabras, los gestos de los animales o los trabajos que relatan. Con ello se consigue que la intranquilidad y excitabilidad que muchos niños televidentes traen consigo, se reduzca y ordene una actividad llena de sentido.

De gran importancia ya en el jardín de infancia es la euritmia, un arte basado en el movimiento (creado por Rudolf Steiner) que ofrece la posibilidad de expresar lo que vive en el lenguaje y en la música a través del movimiento de todo el cuerpo. La euritmia permite a las fuerzas anímico-espirituales fortalecer y actuar sobre el organismo motor desde dentro. Este arte es  importante para la mejora y cura de trastornos físicos y psíquicos.

Sobre la educación anti-autoritaria.

Es un tipo de educación que parte de la base de que el niño es un ser de la Naturaleza y que es él mismo quien mejor sabe lo que le conviene, por ende, lo mejor en interferir lo menos posible.

Los padres y madres que siguen este método dejan al niño un espacio libre totalmente sin límites, no intervienen ante el mal comportamiento, evitan toda presión y se revisten de una paciencia de santos frente a su niñito. A menudo se les oye decir: “ Tengo que terminar los quehaceres de la casa lo más pronto posible para poder dedicar tiempo al niño; cuando lo correcto sería que el niño pudiera imitar jugando a la madre haciendo sus labores. En esta educación anti-autoritaria al niño se le pregunta constantemente “¿qué quieres, esto o eso?. Tales preguntas sacan al niño de su ser infantil y le obligan a adoptar un conducta de adulto, es decir le hacen viejo!. Más aún, el niño se convierte en el tirano de los padres y de su entorno. Pronto descubre cómo patalear y gritar para conseguir cualquier cosa. Con la eliminación de la imagen guiadora, consistente y equilibradora de los padres sus exigencias crecen sin medida. Se enfadará inmediatamente si no consigue lo que le apetece, especialmente en situaciones en las que su actitud descarada haga sufrir a sus padres, por ejemplo, en una tienda llena de gente.  En resumen: esta educación sin dirección ni consistencia, que renuncia a ofrecer ejemplo al niño y darle un marco de referencia sobre el que pueda elevarse, conduce a un predominio de los impulsos y apetitos inferiores, y con ello se entorpece el desarrollo del hombre superior.

Muy a menudo, tras el mal comportamiento de un niño se esconde su necesidad inconsciente de provocar que sus padres o educadores le ofrezcan la actitud de resistencia que necesita perentoriamente para el desarrollo de las fuerzas de su ser. Sin embargo, si estas no son estimuladas y desarrolladas en el momento correcto, tampoco existirá la base necesaria para una conducta moral. Este tipo de personas están constituidas de tal manera que de adultos no son capaces de renunciar a nada. Se enfadan e incluso se ponen agresivas si no obtienen lo que quieren, y tampoco tienen nada con que oponerse a las tentaciones de la vida. No han podido desarrollar y fortalecer su voluntad frente a las fuerzas de los apetitos naturales, como tendría que haber hecho.

¿COMO FORTALECEMOS LA VOLUNTAD EN EL 2DO. SEPTENIO (7 -14 años).

Con la madurez escolar se manifiesta el llamado “primer cambio del cuerpo” que pasa de la forma infantil redondeada a la típica figura que reconocemos por su columna bellamente arqueada, la acentuación de la cintura y la fuerte estructuración de la cabeza. Los dientes de leche empiezan a moverse y caen. Estos cambios externos visibles son señal de que ha tenido lugar un cambio interior: las fuerzas vitales que hasta ahora han trabajado en la formación del cuerpo físico, se independizan y pasan a disposición de las fuerzas de la imaginación y memoria.  Al mismo tiempo retrocede el elemento de movimiento infantil. El escolar ya no corre detrás de cada mariposa que ve.  En lugar de una movilidad externa aparece ahora una mayor movilidad interior que se expresa en la capacidad de imaginación para las propias vivencias y la fantasía.  Sin embargo, se ha de insistir en la educación de la voluntad haciendo que el niño lleve a cabo actividades concretas en momentos específicos. La repetición rítmica  de actividades ha de acompañar el trabajo de la educación desde la primera infancia hasta la adolescencia, como elemento expreso de la formación de la voluntad. Y esta tenacidad exige del adulto una extraordinaria voluntad propia, aguante y en ciertas circunstancias capacidad de abnegación.

Con la llegada de la edad escolar cambia también la relación del niño con los adultos. La imitación inconsciente desaparece poco a poco y se crea una relación de carácter anímico con su entorno (incluido adultos). Es la región del sentimiento que ahora espera ser atendida, amada y fructificada. Es, por lo tanto, de la mayor importancia que el niño tenga educadores a quienes poder amar y venerar.  La autoridad que no se impone, sino que emana de sí misma, ha de ser la imagen directa sobre la que el niño forma su raciocinio, hábitos  y tendencias, la que encausa correctamente su temperamento y a través de cuyos ojos observa el mundo. Rudolf Steiner ha hecho notar que quien en la edad escolar ha podido seguir el ejemplo de una autoridad con amor, en la edad adulta puede él mismo ser autoridad.

El desarrollo metódico de la fuerza de la voluntad.

A la voluntad que actúa en el inconsciente no podemos llegar, pero si podemos construir puentes hacia ella procurando vivencias y experiencias llenas de vida.

Una lección atractiva, dirigida al sentimiento, es tan importante para la formación de la voluntad como para la formación intelectual, porque el sentimiento construye un puente entre la voluntad y el pensamiento. El sentimiento es un pensamiento aún no desarrollado; es, igualmente, una voluntad no desarrollada, pero constituye la puerta de entrada para ambos. Una clase dirigida prematura y directamente a la cabeza -al intelecto-, paralizaría la región del sentimiento y dejaría totalmente de lado el mundo de la voluntad. ¿Podria ser esto la causa del debilitamiento de la voluntad y falta de disciplina tan extendidos hoy día?

Desde el punto de vista didáctico, llegamos al centro anímico del niño a través de una enseñanza imaginativa y artística. No para ser artistas, sino para preparar las fuerzas anímicas que le permitan madurar. Así como el sentimiento constituye un puente entre el pensar y la voluntad, de igual manera, la imagen crea el medio y el puente entre el concepto y el objeto.

Ciertamente nuestro tiempo no se caracteriza por una falta de imágenes, sino precisamente por un exceso de ellas difícil de asimilar para los niños, que actúan a través de los medios de comunicación. Pero de lo que se trata en la educación es de que el niño necesita imágenes que puedan encontrar sentido en su ser interior, imágenes llenas de sentido y que deben ser elegidas en forma escalonada de acuerdo a la edad. En la primaria el maestro las crea a través del tesoro de los cuentos, leyendas y fábulas. Son seguidas por las mitologías (p.e.: germanas, griegas, persa y egipcia). En los grados intermedios se pasa poco a poco a los hechos de los héroes de las sagas de las grandes figuras históricas. Pero también en la clase de lenguaje -incluso cuando se introducen las letras- o de matemática o en las primeras lecciones de ciencias naturales se intenta hacerlo a partir de la imagen, de una imagen llena de contenido. Esta clase, en forma escalonada, debe estimular el sistema rítmico (base fisiológica para la vida del sentimiento) para producir un efecto vitalizador e iluminador en el organismo; pero si por el contrario, la clase va dirigida  a la cabeza, se puede percibir que los niños salen de la escuela, apagados, cansados, pálidos e incluso a menudo de mal humor y agresivos.

Los padres cuyos hijos están en esta situación pueden ayudarlos estructurando el tiempo libre de tal manera que fomente la fuerzas anímicas subdesarrolladas del niño. Se pueden hacer salidas familiares a pie o en bicicleta, o excursiones por la montaña durante las cuales a través de la conversación, se dirige la atención de los niños a las piedras, las plantas y los animales. Una semana de vacaciones en un refugio de montaña teniendo que procurarse la leña y el agua pude ser una gran experiencia. También tocar un instrumento, cantar o trabajar en el jardín. Por la noche, el padre o la madre puede contar un cuento adecuado a la edad, y a los mayores leerles algo. En cualquier caso, la experiencia de hacerlo juntos es de la mayor importancia.  Así se preparan las fuerzas formativas que a menudo acompañan a la persona como recuerdos imborrables que le dan fuerza para toda la vida, como descubrimos en muchas biografías.

La clase práctica 

Es importante que la materia que se trabaja en la clase principal se ejercite prácticamente en el taller, en la clase de trabajos manuales o fuera en el jardín. Allí los alumnos pueden, por ejemplo, plantar trigo, maíz, centeno, o cebada. Es una oportunidad para aprender a esperar, cuidar, entresacar las malas hierbas o regar si está demasiado seco hasta que la siembra madura. Después llega la recolección y cada niño puede hacer con su harina pan en el horno.  Al año siguiente puede haber una época sobre construcción de casas para que los alumnos aprendan a manejar la paleta, el cemento y la arena. En sucesivas clases de trabajos manuales se hila, se teje, se hace ganchillo y punto, se modela con barro o se talla madera.   Hacia los 12 años comienza el crecimiento en altura y empieza la pubertad, llega el momento en que tanto lo teórico lo práctico y lo artístico se dirige a la cabeza (ver 3er. Septenio).

Gimnasia, ejercicio físico y deporte.

Hoy ya no se discute la importancia del deporte para la formación de la voluntad. Es necesario dedicar el espacio debido al desarrollo del cuerpo. Al respecto, Rudolf Steiner decía: “El profesor de gimnasia ha de ver ante sí al hombre ideal compuesto de líneas, formas y movimientos en los cuales ha de introducir esas personas verdaderamente desgarbadas, deformadas y torcidas que tiene adelante.” Conforme a las indicaciones de Steiner, el conde Fritz von Bothmer desarrolló (siguiendo una verdadera línea pedagógica) la gimnasia Bothmer que comprende desde simples ejercicios de corros (en el 3er. Grado) hasta la experiencia de la ligereza y la pesadez y la fuerza de la voluntad en la superación de la gravedad, hasta finalmente alcanzar un dominio más seguro de las tres dimensiones espaciales y la creación de una figura humana en el amplio cosmos de movimiento (en el colegio).

La clase de euritmia.

La clase de euritmia, mencionada anteriormente, es una materia que comprende todo el período escolar. Mientras que la gimnasia y los ejercicios físicos están dirigidos al cuerpo físico para darle flexibilidad, elasticidad y resistencia, la euritmia activa el llamado cuerpo vital, portador de fuerzas vitales de mantenimiento y formativas; actúa tanto en el plano físico como en el anímico. Corrige, por ejemplo, defectos de postura, relaja tensiones a través del movimiento, suprime el nerviosismo y la irritabilidad, ayuda a la concentración. Además sirve de apoyo a las otras asignaturas, ya que, por ejemplo, hace posible reproducir las letras usando todo el cuerpo, vivenciar los tonos, las melodías y los ritmos, expresándolos en gestos y pasos. Incluso en la gramática y la sintaxis sirve de apoyo.  Los ejercicios con las varas de cobre en los grados superiores mantienen el esqueleto y la musculatura flexible y con dominio de sí mismo y actúan contra el proceso de endurecimiento del cuerpo durante la pubertad. En este sentido, la euritmia apoya y complementa la gimnasia y el ejercicio físico desde distintos aspectos.

 

TERCER SEPTENIO: Desarrollo de una voluntad más activa (14 - 21 años)

Las fuerzas que hasta entonces han trabajado en la formación del cuerpo infantil y que han transformado al niño en muchacho y a la niña en muchacha, se liberan (lo cual se expresa con el comienzo de la maduración sexual) y se abren quedando a disposición de la formación de la personalidad.

La voluntad , en el tercer septenio, se encuentra todavía arropada por la envoltura anímica dentro de la cual el pensar, el sentir y el querer se desenvuelven mucho más independientemente que antes. Empieza para el joven un período lleno de escollos, tensiones y peligros, pero también lleno de posibilidades felices. La formación de su personalidad se realiza conduciendo las nacientes fuerzas individuales hacia el exterior, hacia los hechos reales, hacia problemas y realidades de carácter histórico, científico y artístico.  Sería totalmente erróneo dejar al joven regodearse en el propio torbellino de su alma. Cuanto más aprenda a esta edad a salir de sí mismo, a entregarse a una tarea difícil que exija mucha fuerza espiritual y física, más sano y fuerte se hará y más movilizará su voluntad. Lo más importante en estos años es que se trabaje en los tres niveles: en el intelectual, en el del sentimiento y en el de la voluntad.

En el plano intelectual esta educación se lleva a cabo a través de las asignaturas de la especialidad en las que las materias que en los años anteriores se han presentado en forma fenomenológica, vuelven a retomarse y desarrollarse a nivel teórico. Especialmente las ciencias y las matemáticas juegan un papel importante. No se trata de un aprendizaje enciclopédico de memoria sino de estimular las capacidades creativas adecuadas al individuo.

Muy especialmente los sentimientos de este período necesitan de una confianza explícita y de una guía. ¡Qué fácilmente se hunde el joven en el sufrimiento, la desesperación y la depresión!  Esto ha de ser contrarrestado ofreciéndole oportunidad de que se concentre con todo su ánimo en algo externo y objetivo. Por tanto, en esta edad, las asignaturas artísticas no son un lujo sino una necesidad vital y evolutiva. A través del dibujo, de la pintura (acuarela), del trabajo en madera, de la música, de la euritmia, etc., se modela el espacio del sentimiento tan sensible ahora, es decir, se “des-subjetiviza”. Otro medio importante, es hacer teatro, especialmente en el octavo año, en la cúspide de la edad más impertinente.

Finalmente ha de educarse la voluntad (ahora más libre y con fuerza propia) separándola del tan frecuente hundimiento en los apetitos o en una procacidad y agresividad sin dirección. Le hacemos frente directamente si le hacemos las cosas difíciles, si le exigimos y le ponemos tareas en las cuales probar su fuerza. Un medio primordial para estimularla en esta edad (y en todas) son los trabajos de taller que exigen la atención del pensar y la sensibilidad del sentir. Puede empezarse trabajando con cobre, por ejemplo; cuántos golpes dados con exactitud son necesarios para dar forma al metal: ni la cabeza puede predominar ni la voluntad imponerse. Lo mismo ocurre con los trabajos de talla en piedra, encuadernación, construcción de instrumentos musicales, etc.  El educador pone mucho cuidado en que el alumno lleve a término el  trabajo que tiene entre manos. Los trabajos no terminados dañan el carácter y se pierde la posibilidad de autoevaluación.

Incorporación del núcleo personal propio

Hasta los 20 o 21 años todo lo que construye la voluntad humana depende en gran medida de la actividad orgánica. Rudolf Steiner hace notar que la liberación de la voluntad actúa hasta en la forma de andar: “A los 21 años la persona apoya el pie en el suelo de manera distinta de como lo hacía hasta entonces: recibe una especie de impulso”. Este cambio se puede observar en cómo el joven inspirado por este impulso toma su vida en sus manos para intervenir más decididamente en su destino y estar atento a las personas y situaciones que le permitan desarrollarse más y ponerse a prueba.

Si las fases de desarrollo se realizan correctamente: si el cuerpo físico se ha formado durante el primer septenio a través del juego; si el cuerpo vital ha sido impregnado en el segundo septenio con imágenes y experiencias poderosas y llenas de sentido; si en el tercer septenio el cuerpo anímico ha podido ejercitarse en el mundo a través del pensar, sentir y querer, entonces se encuentra preparado el instrumento con el que la persona podrá construir en adelante su existencia libre e independiente. Así pues, toda educación y formación a lo largo de la niñez y juventud no es más que la ayuda que los padres y maestros prestan: tal como lo hace la comadrona en el parto o el jardinero en el jardín.

El período de la educación termina, y así comienza la fase sin fin de la auto-educación y del auto-perfeccionamiento.

 

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